Explorar la ayuda
Me preocupa un niño, niña o adolescente
Para madres, padres, abuelos, cuidadores y cualquier adulto que sospecha, vio algo o escuchó un relato. No necesitas estar seguro para pedir orientación.
Datos de Chile
- Quien abusa suele ser alguien conocido. En el 77 % de los casos el ofensor era conocido de la víctima: cuatro de cada diez eran familiares y algo más de tres de cada diez, conocidos de la familia, vecinos, profesores o líderes de grupo.1
- Casi la mitad de los abusos ocurrió en la casa de la víctima.1
- En tres de cada cuatro casos no hubo fuerza física. Las herramientas fueron la confianza, el secreto impuesto y los regalos.1 Por eso la prevención no puede quedarse en cuidarse de personas extrañas o de la fuerza: también tiene que mirar las relaciones de confianza, los secretos que incomodan, los regalos y los límites que se cruzan de a poco. Esa tarea es de los adultos, no de los niños, niñas y adolescentes.
- El abuso suele empezar en la edad escolar, con una edad mediana de 10 años.1
- Cuatro de cada diez ofensores tenían menos de 18 años.2 Eso no convierte en abuso la curiosidad propia de la edad: lo que marca la diferencia es la asimetría, la coerción y el secreto impuesto. Cuando quien daña es otro niño, niña o adolescente.
El adulto como tercero
En casi todo abuso hay otras personas que saben algo o podrían llegar a saberlo. La geometría del abuso las llama terceros. La responsabilidad del abuso es de quien lo comete; lo que está en manos de un tercero es creerle a la víctima, no dejarla sola y pedir ayuda a quien puede protegerla. No te corresponde investigar ni enfrentar a nadie. Que hayas llegado hasta aquí te pone en ese lugar.
En la encuesta, las personas adultas que reportaron muchas adversidades en la infancia y experiencias positivas frecuentes también reportaron menos ideación suicida que quienes tuvieron pocas experiencias positivas.3 Es una asociación entre grupos; no permite predecir la trayectoria de una persona.
Qué necesitas saber
Confianza lúcida en la familia
Proteger no exige sospechar de todo el mundo. La confianza ciega dice «en mi familia eso no pasa»; la desconfianza total dice «no dejo a mi hijo con nadie». Ninguna de las dos crea un contexto protector. La confianza lúcida exige adultos disponibles para escuchar y actuar, límites que se respeten y autoridad que rinda cuentas. Hablar del cuerpo forma parte del cuidado, junto con permitir preguntas, tomar en cuenta las opiniones de niños, niñas y adolescentes y coordinar redes de ayuda fuera de la familia. El enfoque completo está en Desde dónde trabajamos.
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Encuesta Nacional de Adversidades Tempranas 2021 (CUIDA UC y Fundación Para la Confianza), Estudios 1 y 11. Ofensor conocido 77 %; casa de la víctima 48,1 %; fuerza física 26,2 % (sin fuerza, 73,8 %); abuso de confianza 38 %; secreto impuesto 26,2 %; regalos 18,1 %; edad mediana de inicio 10 años. ↩↩↩↩
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Misma encuesta, Estudio 11: 41,3 % de los ofensores tenía menos de 18 años. La cifra que se sostiene sin reservas es que al menos uno de cada cinco era un adolescente de 12 a 17. ↩
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Misma encuesta, Estudio 4: con cuatro o más adversidades en la infancia, ideación suicida adulta de 21,8 % con pocas experiencias positivas y de 6,9 % con experiencias positivas frecuentes. ↩
