También con la tecla Esc. Cómo borrar el rastro

Saltar al contenido
Para la Confianza · por un mundo sin abuso
ES

Español

English

Français

Português

Menú
¿Hay peligro ahora? Llama al 133 (Carabineros) o al 149 (Fono Familia, 24 horas).
Explorar la ayuda

Desde dónde trabajamos

La Fundación Para la Confianza entiende el abuso sexual infantil como abuso de poder y trabaja para que los espacios donde viven niños, niñas y adolescentes sean contextos protectores. A ese enfoque lo llamamos confianza lúcida.

El abuso como abuso de poder

El abuso sexual infantil es una forma extrema de abuso de poder. Ocurre en una relación abusiva dentro de un contexto abusivo, que tiene tres componentes:

Las diferencias de poder no son por sí mismas abuso: en una relación de cuidado, quien tiene más poder tiene mayor responsabilidad. La prevención exige que los adultos y las instituciones respondan por las condiciones en que viven niños, niñas y adolescentes.

Nuestra definición

El abuso sexual infantil es todo acto y proceso de actos en que se expone o involucra a un niño, niña o adolescente en cualquier actividad sexualizada, utilizando la asimetría que da la autoridad, la confianza, la dependencia (afectiva, social o económica), el poder, la fuerza, el miedo, la cultura, la capacidad comprensiva, la necesidad u otras vulnerabilidades, manipulando, confundiendo, eliminando o viciando el consentimiento. Tanto las acciones, tácticas y estrategias de preparación de estos actos (grooming presencial u online) como las de silenciamiento y desprestigio de la víctima y su entorno constituyen también parte del proceso del abuso sexual.

Esta definición va más allá de las categorías del Código Penal. Sirve para prevenir y para acompañar, y tiene tres consecuencias:

Niños, niñas y adolescentes como sujetos con derechos

Tienen derecho al cuidado, a ser escuchados, a que se respete su intimidad y a participar en las decisiones que les afectan. No deben ganarse la protección con obediencia, silencio o una manera determinada de contar lo que les ocurrió.

La autonomía se desarrolla progresivamente. Los adultos deben acompañar el pensamiento crítico, el cuidado de otras personas y el reconocimiento de límites propios y ajenos. Aprender sobre el cuerpo forma parte de ese proceso, dentro de un contexto donde se pueda acudir a alguien que escuche y actúe.

Formas de la confianza

Cómo se reconoce Qué produce
Confianza ciega «Aquí eso no pasa». «Lo conozco hace veinte años». «Los niños inventan». Se cuida más evitar una denuncia que proteger Quien abusa cuenta con que nadie va a mirar
Desconfianza total Nadie es confiable, todos son sospechosos, un abrazo es un riesgo, no se puede pedir ayuda No se distinguen los riesgos reales y la relación de cuidado se rompe
Confianza lúcida Los límites están dichos, quien tiene más poder rinde cuentas, se puede hablar sin ser castigado Un contexto donde es posible ver, contar y proteger

La confianza ciega y la desconfianza total parecen opuestas, pero las dos nacen del miedo y ninguna de las dos crea un contexto protector.

La confianza lúcida

Lucidez viene de lux, luz. Una relación es lúcida cuando se puede contar a otros sin producir vergüenza ni escándalo, cuando sus límites están dichos y se pueden discutir, y cuando quien tiene más poder rinde cuentas de cómo lo usa. La confianza lúcida no elimina el riesgo, porque confiar siempre supone exponerse; lo hace visible y lo pone bajo cuidado. Tiene nueve elementos:

El concepto viene del libro Confianza lúcida (2012), que puedes descargar en la biblioteca.

Del contexto abusivo al contexto protector

En un contexto abusivo hay En un contexto protector hay
Jerarquía sin control Autoridad con sentido
Obediencia ciega Un tercero que hace justicia
Silencio Palabra
Desprecio Reconocimiento
Dogmatismo Pensamiento crítico
Sometimiento Libertad
Disociación Integración
Manipulación y agresión Ética
Ausencia de límites Límites validados
Improvisación Protocolos
Derechos no reconocidos Derechos reconocidos

El tercero

En casi todo abuso hay, además de quien lo comete y de la víctima, otras personas que saben algo o podrían llegar a saberlo: familiares, docentes, amistades, vecinos. Las llamamos terceros. La responsabilidad del abuso es de quien lo comete. Lo que está en manos de un tercero es otra cosa: creerle a la víctima, no dejarla sola y pedir ayuda a quien puede protegerla, con una consulta, una medida de protección o una denuncia. No le corresponde investigar ni enfrentar a quien abusa, porque eso puede aumentar el riesgo. Muchas personas no reconocieron las señales o no supieron qué hacer en su momento; desde ahora pueden actuar. Si estás leyendo esto porque te preocupa alguien, estás en ese lugar. Qué hacer.

El silenciamiento

Callar no es una decisión libre. Lo producen fuerzas que se refuerzan entre sí: el miedo, la culpa que quien abusó traspasó a la víctima, la vergüenza, la desconfianza, la dependencia, el secreto impuesto y, a veces, una memoria que llega en fragmentos. En Chile, cuatro de cada diez víctimas nunca se lo contaron a nadie y menos de una de cada diez llegó a denunciar.1 A esto lo llamamos silenciamiento. Contar es cruzar un primer umbral; denunciar, uno distinto. Los dos merecen acompañamiento.


  1. Encuesta Nacional de Adversidades Tempranas 2021 (CUIDA UC y Fundación Para la Confianza), Estudio 8: nunca contó a nadie, 39,1 %; llegó a denuncia formal, 8,8 %. La encuesta abarca abusos ocurridos desde los años setenta. ↩